Zacarías Arzú, un caballero del fútbol

Zacarías Arzú, un caballero del fútbol

Recordar a Zacarias Arzú es evocar al destacado atleta, al caballero dentro y fuera de la cancha y a un hombre fiel al Motagua, donde destacó como un jugador polifacético. Primero jugó de puntero izquierdo. después fue entrenador y masajista, ganándose el cariño y la admiración de todos.

La vida le tenía guardada gratas sorpresas desde que llegó a Tegucigalpa procedente de su natal Tornabé para probar suerte con los Tejeros del España con sede en El Guanacaste. Aquel negrito de impresionante condición física encontró en los esposos Rivera López, padres del ex presidente del club Mario Rivera una nueva familia. Sus padrinos como él los consideró.

Una de esas tardes, deambulando por la capital, caminaba por el recordado campo Motagua, ubicado frente a la casa de Pedro Atala Simón, y sus ojos se fijaron en aquel entrenamiento, en la risa de sus protagonistas, en la celebración por un gol. Ese trayecto lo transitó diariamente hasta que un día se quedó en el equipo para irse hasta la fecha que el féretro que contenía sus restos fue descendiendo a la fosa en medio del dolor de la familia motagüense.

Don “Zaca” fue quien convenció a su padrino Antonio Rivera que contribuyera con los gastos del club, entonces lo convirtió en uno de los máximos aportantes y aprovechando su cargo como funcionario del gobierno de Tiburcio Carías Andino concedió ciertos privilegios al equipo. Fue así como aquel hombre de fuerte contextura y piel morena, lloraba de emoción cuando recordaba sus inicios en el fútbol, particularmente su paso por el mejor Motagua de la historia y recordar a sus compañeros y amigos Raúl “Joyo Chele” Barahona y Armando “Majoncho” Sosa, considerados los mejores futbolistas del balompié catracho en una década donde se jugaba por amor al deporte, incluso ellos mismos se fabricaban sus zapatos deportivos porque no había dinero para permitirse ese lujo.

El uniforme blanco con la H en el pecho fue como su otro gran amor, no sólo en la disciplina del fútbol sino también en béisbol. Fue un deportista polifuncional que el día en que se inauguró el estadio Nacional. el 15 de marzo de 1948, por la mañana enfrentó a Cuba con la novena de béisbol y por la tarde marcó un gol a la selección de Costa Rica. Todo un record en el deporte.

En quienes compartieron con don Zacarías quedan grabados los mejores recuerdos, las más interesantes historias y jocosas anécdotas. Como aquella, en la cancha del Lempira Reina vistiendo la camisa de la Fuerza Aérea Hondureña (FAH), intentó fildear un batazo en el jardín central y creyendo que tenía la pelota en el guante intenta devolverla, pero la sorpresa es que había agarrado un sapo y el anfibio llegó a sus compañeros.

Otra historia, todavía más divertida sucedió en Cuba. Este personaje salió del hotel durante un carnaval en esa isla y su osadía fue mayor, cuando subió a una carroza, se disfrazó de bailarín y comenzó a danzar, justo cuando pasaban frente al hotel se encontraba en la puerta el entrenador de la Selección Nacional, Carlos Padilla Velásquez, quien al verlo comentó en voz alta: “ese morenito se parece a Zacarías, baila como él y hasta se ríe igual, pero al confirmar que era él le gritó: “qué haces allí Zacarías” y este le respondió serenamente, “me ando divirtiendo”. Y es que así de alegre fue la vida de este personaje, hasta que los años debilitaron su salud y murió, aunque todavía está en el recuerdo de muchos dirigentes y jugadores de su querido Motagua.

 


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