Una etapa de transición

Una etapa de transición

Este periodo coincide con un cambio drástico que experimenta el equipo Motagua, después de ganar todas las copas, locales, departamentales y nacionales. En esta década ya no están Armando “Majoncho” Sosa, Trinidad “Empanada” Palencia, Rigoberto “Coyote” Castro y otros jugadores que ficharon para otros clubes, manteniéndose Raúl “Joyo Chela” Barahona, Rodolfo “Popo Godoy, Zacarias Arzú. Adolfo “Pito” Castro que junto a nuevas figuras iniciando la década 1950 dieron satisfacciones al equipo.

Entre estos jóvenes valores aparecían Alfonso Uclés Sierra, Ernesto “Culuco” Henriquez. Victor “Motor” Bernárdez, que heredó a toda su familia el amor al equipo Motagua. Su hijo Salvador “Pólvora” Bernárdez y sus nietos Oscar y Víctor Salvador son parte de la historia. Tampoco hay que olvidarse de Roberto Güity que se entregó por la enseña azul. Recordemos aquel equipo que manejaron administrativamente Antonio C. Bustillo, Carlos Cruz, Gustavo Adolfo Alvarado, Juan Larn, Saturnino Vidaurreta, Tulio Bueso, Raúl Zaldívar, Joaquín González, Judá Guzmán, Daniel Matamoros Carrasco.

El presidente en esta etapa fue Gonzalo Carías Castillo, hijo del ex mandatario de la República, general Tiburcio Carías Andino, fieles seguidores del Motagua, por eso en su mayoría de los jugadores laboraban en el Garaje Nacional (ahora conocido como Soptravi). En esta época, los mimados contaron con excelentes entrenadores como el costarricense Rogelio Rojas Umaña, un personaje que cambió la idea táctica al equipo y fue un hombre honesto que al referirse a Raúl “Joyo Chele” Barahona, expresó sólo halagos por su clase de fútbol, reconociendo que no había nada que enseñarle porque era un mago con el balón.

El resto, en su mayoría nacionales como Mario Griffin Cubas. Juan Andino Matamoros, Hermes Bertrand Anduray, Manuel Bonilla Rodríguez, Zacarías Arzú y Víctor Bendeck, engrandecieron la imagen del club. Hay que destacar que los jugadores participaban de las reuniones de junta directiva que se realizaban los viernes en el Instituto Héctor Pineda Ligarte. En cada sesión se conocían las peticiones de préstamo de jugadores por otros clubes, se juramentaba a nuevos socios e inmediatamente pagaban su cuota por ser parte de la familia motagüense, dinero que se destinaba para las diferentes actividades del equipo. Motagua fue una de las primeras instituciones en vestir de gala a sus futbolistas, con elegantes trajes que lucían en cada viaje al extranjero.

 


to top